Para muchos analistas y ciudadanos en la región, hubo un punto de quiebre que cambió el tablero político venezolano. Y ese momento tiene nombre propio: Nayib Bukele.
Nunca se olvidará la decisión del presidente de El Salvador de aceptar un acuerdo que implicó la entrega de 238 ciudadanos venezolanos a cambio de cada ciudadano estadounidense retenido como rehén en Venezuela. Una jugada maestra que, más allá de lo diplomático, fue leída como una maniobra estratégica que debilitó al régimen de Nicolás Maduro y dejó al descubierto su aislamiento internacional.
Lejos de ser un simple intercambio, para muchos este movimiento representó el inicio del jaque mate: una señal clara de que el régimen ya no tenía el control absoluto de la negociación ni de la narrativa global. El mensaje fue contundente: el poder de Maduro ya no intimidaba como antes.
