“Para entrar a una pandilla había que cumplir con ciertos actos violentos, entre tres y cuatro, como un requisito de admisión… casi como cuando te piden experiencia previa para un trabajo”, comenta un periodista de El Faro.
Y, según Juan Martínez d'Abuisson, tampoco habría que criminalizar la participación en estos grupos. Después de cumplir con esos “requisitos”, lo importante es no ser demasiado estrictos.
